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lunes, 15 de julio de 2013

Fin de semana

Queridos lectores:

La semana pasada hicimos uno de los descubrimientos más importantes de nuestro viaje: si eres estudiante de Historia del Arte (o de cualquier rama relacionada con la protección del patrimonio) la entrada a casi todos los museos romanos es gratuita. El único requisito necesario es presentar el justificante de la matrícula en taquilla y “voilà”, entrada gratuita. Imaginaos nuestra alegría al enterarnos y cómo en un minuto organizamos nuestro fin de semana para ir a ver todos esos museos que por costar un poquito más de lo esperado dejamos apartados para ir a ver con nuestras amigas en agosto.

La tarde del viernes, tras comer en Via Nazionale, decidimos comenzar a aprovechar nuestro pequeño privilegio y visitamos el Mercado de Trajano. Esta gran edificación alterna los restos de la excavación arqueológica con una exposición de fotografia, cuya temática no estaba muy relacionada con el museo, que desvirtua en cierta manera la visión de conjunto. Nuesta siguiente parada fue el “Museo Nazionale del Palazzo di Venezia” , con una colección muy interesante, destaca sobre esta la arquitectura del palacio con su gran escalera y sus cientos de capiteles decorados de distinta manera. asimismo, también reparamos en la amplia colección de obras de arte que alberga en su interior, desde iconos del Trecento hasta esculturas de Alessandro Algardi. Por último nos animamos a recorrer los Foros Imperiales bajo un sol de justicia, porque aquel día no llovió sorprendentemente. La primera sensación al entrar fue un poco abrumadora por el calor y la gente, pero poco a poco, y sobre todo si subes al Palatino, la cosa cambia y comienzas a disfrutar de la belleza del lugar. Nuestra recomendación es que subáis al Palatino y os sentéis a disfrutar del paisaje: tendréis la sensación de estar en otro lugar, en un pequeño pueblo y no en medio de una gran ciudad.  Tras pasear por los foros y ascender al Capitolio entramos en los Museos Capitolinos y disfrutamos de su gran colección de escultura y pintura. Decir que este museo es sorprendente es quedarse corto. No nos dio tiempo a verlo por completo, y por dos euros que nos cuesta la entrada (aqui no es gratis pero si realizan un buen descuento) ya hemos organizado otro dia para acabar de verlo.

El sábado decidimos tomarnoslo con más calma. Sobre las diez tomamos el metro a Piazza de Spagna y aprovechando los pocos turistas que hay a esas horas  nos hicimos una foto rememorando a la gran Audrey Hepburn. El resto de la mañana la dedicamos de ir de tienda en tienda por Via del Corso, sin prisa, que para eso era sábado.  Tras comer por el centro nos animamos a entrar al Palazzo Barberini. Si visitas Roma, y más aun si eres estudiante de Arte, es una parada obligada en los lugares que hay que visitar. Con una colección emocionante, donde encontramos desde Rafael a Caravaggio pasando por Guido Reni, el museo te sorprende en cada sala. Pero lo que más sorprende son las pinturas de Pietro da Cortona para la sala principal del palacio, tomaros vuestro tiempo y disfrutad de ellas porque poseen mil detalles que os cautivarán. Para recuperar fuerzas tras una tarde en el museo hicimos una parada en Santa Maria Maggiore y por fin probamos los famosos “gelati”.  Antes de llegar a casa hicimos una última parada en la plaza de San Giovanni in Laterano para disfrutar de la buena temperatura de esas horas de la tarde.


El domingo se resume perfectamente con las palabras “día de limpieza” pero por la tarde, cuando bajó el sol y tras una siesta reparadora, dimos un pequeño paseo por nuestra zona. Descubrimos un pequeño jardín frente a Santa Croce in Gerusalemme y un parque donde sentarse y disfrutar de ver a la gente pasar. Una cena rápida y unos cuantos capítulos de nuestros libros después, nos fuimos a la cama. 

jueves, 11 de julio de 2013

Día agotador

Ayer, tras comer con nuestros compañeros de trabajo decidimos darnos un paseo por la ciudad de Roma. Éramos conscientes del calor que hacía, pero como uno no puede ser dueño del tiempo y, agradeciendo que por el momento no habían nubes a la vista, echamos a andar hasta Piazza Venezia. Pasamos por delante de dos templos magníficos (Il Gesù y Sant’Andrea della Valle), pero a esas horas de la tarde, los sacristanes estarían comiendo o echándose una pequeña siestecita.

Desde ahí pusimos rumbo a la Piazza Navona, que por un momento vimos totalmente diferente al domingo. El otro día, al estar empezando a llover había muchísima menos gente, era mucho más encantadora. Ayer, a esas horas y con todos los retratistas en el centro de la plaza, tenía otro ambiente mucho más agobiante. Como la fuente en la que teníamos pensado llenar nuestra botella estaba “abarrotá” decidimos irnos con la música a otra parte. Por callejuelas dimos con un museo que parecía interesante, pero no llevábamos suficiente dinero como para comprar dos entradas. “Lo  dejaremos para otro día”, dijimos los dos, total, estamos tres meses aquí y como tenemos que esperar visitas, preferimos pagar una vez en vez de dos. Por la ribera del río, con el paraguas abierto a modo de sombrilla y con el abanico trabajando más que en toda su vida, divisamos el edificio que albergaba el Ara Pacis de Augusto, un monumento dedicado a la paz imperial y que conserva toda su magia. Sobra decir que también lo vimos desde fuera, al igual que el Mausoleo de dicho emperador; unos porque cobraban entrada y otros porque estaban cerrados a cal y canto.

Lo de no llevar dinero encima no fue culpa nuestra, lo hicimos por una buena causa, dejando una señal en el hotel donde se hospedarán este agosto unas amigas españolas. Así, incautos e ingénuos de nosotros, no caímos en la cuenta de echarnos en la cartera algún que otro billete. Y si en un principio teníamos pensado volver a casa en bus o en metro necestaríamos por lo menos un euro para poder hacer el trayecto. Es por eso que ayer sólo entramos a lugares que no requerían entrada para visitarlos, no es que seamos unos agarrados (ejem, ejem...).

Tras dar varias vueltas por las inmediaciones del Ara Pacis dimos con la Piazza del Popolo, un lugar grandísimo, con bastante gente y mucho ambiente. Necesitábamos descansar un poco en la sombra, sólo a dos locos como nosotros se les ocurre dar un largo paseo, a las tres de la tarde, con pantalón oscuro y en sandalias. Tras sentarnos en un banco a la sombra y distraernos con la gente y los vendedores de rosas de la plaza y, sobre todo, descansar, reiniciamos nuestro camino por Via del Corso. Entre iglesias y tiendas llegamos finalmente a la Piazza di Spagna, con sol – a la tercera va la vencida – y entre turistas con botellas de agua y helados. La boca se nos hacía agua, pero debíamos hacer una cosa antes, se lo debíamos a nuestra profesora de Arte del Siglo XVIII. Ella nos dijo que la mayoría de la gente que acudía a esta famosa plaza, se hace la típica foto en los primeros escalones y ni se dignan en pensar que pueden subir hasta lo alto. Nosotros sí lo hicimos, y la verdad es que mereció la pena, porque las vistas desde ese lugar son impresionantes. Entramos a Santa Trinità dei Monti, ya que estábamos allí, por unos cuantos escalones más no íbamos a morir. Descubrimos una recoleta iglesia, con capillas recubierts por completo de frescos renacentistas, de artistas italianos, franceses y españoles para nuestra sorpresa. Desde la cúspide de la escalinata y por Via Sistina emprendimos la vuelta a casa, molidos y con los pies destrozados. Afortunadamente esa tarde no nos llovió, o eso creíamos, ya que al llegar a casa y cuando íbamos al supermercado empezó a llover, ya no creo que os sorprenda.


De esta manera, tras ducharnos, cenar un poco y leer un libro (Melania con su Tormenta de espadas y yo finiquitando mi El amargo don de la belleza) caímos redondos en nuestras respectivas camas, sin duda uno de los mejores momentos de ayer.


miércoles, 10 de julio de 2013

De templo en iglesia

Queridos lectores:

Como diría Forrest Gump: “La vida es como una caja de bombones”, nosotros decimos que Roma es como una caja de bombones, con sitios espléndidos y a cada cuál más dulce. Ayer, aunque la lluvia hizo también acto de presencia – empiezo a pensar que en el avión se equivocaron y nos dieron billete para Inglaterra – descubrimos rincones con mucho encanto. Tras una pequeña discusión entre los dos y el mapa por ver dónde estaba la Piazza Colonna, dimos con la columna Antonina y con el Palazzo Montecitorio. Para ese entonces hacía un sol de justicia, o como dirían los murcianos un “sol gitano”. Tras adentrarnos por callejuelas dimos de sopetón con el antiguo Templo de Adriano, en una pequeña plazoleta y con un imponente pórtico columnado. Tras algunas fotos y recargar las botellas de agua en la fuente más cercana (porque nosotros no gastamos en agua que para eso sale muy rica y fresquita de cualquier fuente de Roma) seguimos la Via Burro hasta llegar a la Plaza de San Ignacio. Decir que nos quedamos con la boca abierta es quedarse corto, en las diapositivas e imagenes que nos a tocado estudiar este año te imaginas una plaza pequeñita y con edificios muy juntos, nada mas lejos de la realidad, aunque si es verdad que no es tan grande como otras plazas de la ciudad Sant Ignacio tiene ese algo pintoresco que te atrae al primer vistazo. Si accedes a la iglesia de San Ignacio lo primero que atrae tu mirada son los frescos que el Padre Pozzo realizó para los jesuitas. Cuando la sorpresa se disipa y comienzas a recorrer toda la iglesia te das cuenta de lo grande que es en realidad, de la teatralidad de la composición y de los ricos materiales con los que está realizada, caracteristicas barrocas que se ajustan perfectamente a esta construcción. Nuestra siguiente parada fue el Panteón. De un espacio barroco pasamos a uno clásico. Nuestra visita al Panteón fue lenta y un poco agobiante por el gran número de visitantes que como nosotros no querían perderse este famoso monumento, por ello quiza no pudimos disfrutarlo tanto como hubiesemos deseado. Con sabor agridulce continuamos nuestra visita en Santa Maria Sopra Minerva. Esta joya medieval se encuentra tras el Panteón (lo que en muchos mapas no queda reflejado) y palió, en cierta manera, nuestra decepción anterior. En cuanto pones un pie en su interior te ves imbuido en un cielo estrellado iluminado por multitud de vidrieras coloreadas, a cada paso el templo esconde algún secreto: un poco de Bernini por aquí, una obra de Miguel Ángel por allá y al fondo, en una capilla privada, una obra de Fray Filippo Lippi que brilla por sí sola. 

Contentos y muy animados decidimos que pese a los nubarrones que se acercaban nos podríamos acercar un ratito a Piazza Navona. Escenario de infinidad de películas, nos atrapó con su encanto pese a las nubes de tormenta que se avecinaban. Cansados y mojándonos un poco, porque eso de llevar chanclas cuando llueve no es muy sensato, pasamos por Piazza di Spagna sin detenernos a disfruarla, otra vez, ya que el sabado cuando la visitamos llovía a cántaros, y esperando a que a la tercera vaya la vencida cogimos el metro hacia casa.


martes, 9 de julio de 2013

Paseando entre tiendas

Libros, ropa, antigüedades, zapatos, collares... ¿y eso de allí? Ah, nada, es la Fontana di Trevi. Sonará frívolo, pero así fue, en parte, nuestro fin de semana en Roma. Como el sábado empezaban las rebajas, y nos hacía falta comprar sábanas para las camas, decidimos darnos un garbeo por las zonas comerciales de la ciudad. Para nuestra sorpresa, la de ambos, ninguno encontró esa mina de oro que nos hiciese fundir la tarjeta de crédito. Al contrario de lo que suele ocurrir por las ciudades por las que nos movemos habitualmente, sólo hemos gastado en libros, un paraguas y una camiseta. Y es que esto de tener que pagar un alquiler todos los meses, tener que racionar también la beca para la comida y los gastos imprescindibles, hacen que uno se contenga.

Entre tienda y tienda vimos cosas, hecho inevitable en Roma. Volvimos a pasar por la Fontana di Trevi y por la Via del Quirinal, pero ya nuestras mentes estaban puestas en otro objetivo: las rebajas. Tampoco es que seamos los dos unos adictos a las compras, pero un capricho de vez en cuando y con una tarjeta de crédito nunca vienen mal.


Hay que decir en favor de nuestro tremendo ahorro que las cosas por aquí están caras, eso o que los tenderos cambian los precios una vez que nos acercamos – nuestra fama se ve que nos precede – para así poder sacarnos más rendimientos. Nuestras madres estarían orgullosas.  También hay que decir que ese día no lo dedicamos exclusivamente a las compras, también teníamos intención de ir por Piazzza Spagna y subir hasta la Piazza del Popolo, pero ya como empezó a diluviar mucha cosa no podríamos hacer además de esperar a que amainase la tormenta y coger el metro hasta Re di Roma. Otra cosa muy importante que debéis tener en cuenta si vais por el metro: a veces las máquinas de los tickets van cuando quieren. Así que si pagáis dos y os sale solamente uno, esperaos a que el próximo pasajero saque su billete de metro, que saldrán en vez de uno dos.