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lunes, 3 de febrero de 2014

Una simple fotografía


Son ya cuatro meses los que me han separado de ese lugar tan maravilloso, cuatro meses los que han hecho que despierte en mi un sentimiento de nostalgia que es difícil ignorar. Y es precisamente ahora cuando me doy cuenta de lo que hecho de menos Roma.

Esta mañana, mientras despertaba y me sumergía en los mundos de Internet, buscando información para trabajos varios, y mientras desconectaba un poco del mundo que me rodea, encontraba una imagen, una fotografía que me ha hecho pensar en otro lugar distinto del que estaba. Una fotografía que personalmente me ha trasladado a los primeros días de julio de este año, con la compañía de Melania, en una de nuestras interminables caminatas por nuestro segundo hogar.

Seguramente para muchos de vosotros la fotografía no tiene mayor interés que el de ser un llamador de una puerta, muy elaborado, pero nada más. Para nosotros sí es algo más. Con esa foto abrimos nuestro primer post en este blog, fue una de las primeras fotografías (de cientos), uno de los primeros sitios que llamaron nuestra atención.

Y es que esto de estudiar Historia del Arte y tener ya perfeccionada nuestra memoria fotográfica, sirve de algo más que para aprobar exámenes. Y que Roma sea siempre un tema recurrente en la mayoría de asignaturas, pues también ayuda a que nos acordemos, por hache o por be, de todo lo que vimos en Roma. Ya sea en las noticias con alguna imagen del Vaticano, o con la crecida del Tevere a su paso por la Isola Tiberina, por la cantidad de gente que se hace fotografías delante del Colosseo para subirlas a su red social, o por cosas como ésta. Una simple fotografía de un llamador en la Via XX Settembre.

lunes, 5 de agosto de 2013

Roma, siempre Roma

Descubriendo de nuevo nuestros lugares en Roma


Roma, la bella de Italia, la más augusta entre las ciudades del globo, la cuna de nuestra civilización, sede de una de als religiones más importantes, la ciudad donde los turistas se agolpan y donde los mosquitos no te pican, muerden. Todo eso se puede resumir en una palabra: Roma.

Tras un mes a nuestras espaldas, un moreno en los brazos y el cuello y unos cuantos kilos menos, la ciudad nos sigue sorprendiendo. Precisamente ayer llegaron unas amigas, de las cuales os hemos hablado ya algunas veces, y su reacción al ver Roma fue la misma que la nuestra los primeros días al llegar: la boca abierta, la cámara  de fotos como extensión de nuestros brazos y un dolor en el cuello importante. Nos agradó que les gustara tanto como a nosotros, les enseñamos algunos de nuestros rincones y las recibimos con los brazos abiertos, como todo buen romano.

Al llegar a la estación de Termini y perderse por los alrededores – hay que decir que nuestras indicaciones eran claras, vagas pero claras... –, las recibimos con unos carteles con su nombre y su signo de identidad: para Ángela una flamenca y para Cristina un gatito. Para que luego se quejen de nuestras atenciones. Llegando al hotel que les habíamos buscado nosotros, descansar y comer un poco decidimos llevarlas al Palazzo Barberini, un palacio barroco convertido en Museo Nacional y sede de una de las más importantes colecciones de arte en la ciudad de Roma, sólo con mencionar a Bernini, Caravaggio, Rafael o el Greco, merece la pena acercarse a echarle un vistazo, o pasar toda la tarde absorvidos por el gran techo del salón principal del palacio, el “Triunfo de la Divina Providencia”, alegoría del poder de la familia Barberini pintada por Pietro da Cortona.

No se puede explicar con palabras la sensación de paz, pero a la vez de agitación que transmite esta estancia. Inmensa, pero a la vez íntima; grande, pero visible en un sólo vistazo; sobrecogedora, barroca. Lo diremos en pocas palabras: empezaron a cerrar el museo y nosotros todavía estábamos acostados en los divanes contemplando esa estancia.


Y es que Roma es así, puedes levantarte a disgusto, puedes pelearte, pero cuando te quedas mirándola se te olvidan todas las penas, más efectiva que la cerveza...


lunes, 8 de julio de 2013

Paseo por la Historia

Queridos lectores

Queríamos en esta nueva entrada contaros nuestra primera excursión por la ciudad, pero... ¿qué decir ya de lo que ya se ha dicho todo? Tantos siglos han dado para mucho, y que Roma sea una cumbre del arte ha ayudado a que su patrimonio sea uno de los mejor conocidos del mundo entero. Es por ello que no pretendemos contar detalladamente los pormenores de cada monumento visitado, para eso están los libros especializados y los guías turísticos. Queremos hacer algo nuevo y diferente, pero irremediablemente tenemos que recurrir a lo convencional porque es lo único que vale para un primer acercamiento.

Tras dejar el hotel, coger un plano de la ciudad y dirigirnos al que sería el día próximo nuestro puesto de trabajo, con un sol de justicia, calles empedradas y sandalias atadas, dimos con curiosos lugares, unos estudiados, otros no, pero que nos sorprendieron por igual. Así, divisamos una Santa Bibiana inmersa en un ambiente que nunca habríamos imaginado. Como sabréis, la zona de la estación de tren no es la más deseable para habitar, sin embargo, la antigua basílica de Santa Bibiana se erguía orgullosa de haber sido tocada por el genio del Barroco romano, Bernini, y por seguir en pie, aunque fuese encerrada entre la carretera y los muros de la estación de Termini.

Poco antes también divisamos lo que parecían las ruinas de un templo romano. Poco después supimos que se trataba del ninfeo de Minerva Medica, un antiguo recinto perteneciente a una villa romana y que sirvió de inspiración para hacer volar la mente de los románticos. En ruinas y con complicados andamiajes, parecía que su conservación estaba remotamente controlada. Eso o que los operarios estaban almorzando, todo puede ser.

Tras estos dos descubrimientos, bajamos por la zona del Esquilino hasta nuestro segundo hogar en esta ciudad, en la Via del Boschetto. Evidentemente, al ser domingo estaba cerrado, y omitiendo una pequeña anécdota que contaremos más detenidamente en otra entrada, vimos un quiosco donde conseguimos una revista de alquileres y pisos en venta. Nos pusimos a buscar, porque por ese entonces todavía estábamos alojados en el hotel y no teníamos nada seguro para nuestra estancia. Y la verdad es que encontramos bastantes lugares que aspiraban a ser nuestra residencia por tres meses. Desafortunadamente, a la mañana siguiente, y tras llamar a todos los seleccionados, comprendimos que los alquileres italianos, al menos los romanos, tienen por lo general un período mínimo de estancia, y éste oscila entre los 12 y 18 meses.

Tras echarle un vistazo a los alquileres y después de comer por Via Nazionale, la gravedad (graciosa compañera en Roma) nos llevó hasta los Fori Imperiali. Lo primero en divisar fue la inhiesta Columna Trajana, pródiga en relieves conmemorativos y coronada por San Pedro, sabia cristianización que permitió conservar monumentos del pasado tan importantes como éste. La verdad es que ése fue, más que el Monumento a Vittorio Emanuele II, el que nos tuvo más tiempo mirando, examinando hasta donde la vista nos era posible. Tras varias fotografías y un amplio recorrido por las inmediaciones del Mercado de Trajano, el Coliseo fue nuestra siguiente parada. Decidimos no entrar, ya que todavía nos quedaban muchas cosas por ver en ese día, y hacer cola nos llevaría cuanto menos algunos cuartos de hora. Y la verdad es que esa gran mole de sillares y argamasa, esa superposición de columnas y arcadas, como suele estudiarse, encerraba más atracción de la que en un principio nos imaginábamos. Creo que ya lo hemos dicho, pero aquí las cosas son muy grandes, de dimensiones colosales (nunca mejor dicho) y uno se sorprende de que una construcción tan antigua todavía siga en pie, siga prestándose a la admiración de tantos y siga albergando espectadores, aunque no sea afortunada o desafortunadamente, de la forma en que en un principio fue concebida.

A modo de breve inciso, podemos decir que En Roma ofrece unas visitas guiadas por la Roma Antigua, que podrían parecerse a lo que hicimos nosotros. Dispone de una oferta mucho másamplia que seguro os encantará descubrir por vosotros mismos.

Podríamos relataros más rincones que descubrimos ese día, monumentos, iglesias, plazoletas, la cabeza de Medusa de nuestro primer post, pero creo que ya va siendo hora de dejaros marchar.No queremos sonar pesados y creemos que por hoy es más que suficiente. Ese primer día dio para mucho y siempre quedará en nuestra retina.


martes, 2 de julio de 2013

ROMA. “LA COSA NOSTRA"


¡Hola!
Quién nos diría hace un año que nuestras vidas estarían unidas a una ciudad como ésta. Hablar de Roma es evocar sueños, esperanzas y vivencias deseadas. Por suerte, este año, y aunque sea por poco tiempo, tendremos la oportunidad de vivir esta experiencia y relatárosla.

En principio este sitio pretende aportar una nueva mirada, pero también puede ser un apoyo para aquellos que como nosotros se encuentran en una ciudad de la que han oído hablar muchísimo, pero que en realidad no conocen. Son muchas las posibilidades que se nos ocurrirían para llevaros de la mano por esta maravillosa urbe, pero de momento sólo os podemos aconsejar desde nuestra experiencia.

Supongo que sería necesaria una breve presentación, somos estudiantes del último año de carrera, de Historia del Arte concretamente, y ya veis, sería cuestión de tiempo venir a Roma, qué mejor manera que conocerla desde dentro. Melania y Aarón serán nombres que recurrentemente aparecerán por estas páginas, sed benevolentes con ellos, pues serán vuestros guías virtuales particulares.

Hablaremos de lo que nos pasa, de los sitios que visitamos, del trabajo en nuestra empresa guía En Roma; Contaremos experiencias que esperamos os sirvan de ayuda, consejos prácticos para sobrevivir y vivir en Roma, y sobre todo, aportaremos nuestra propia visión de los sitios a los que acudiremos. Como una especie de cuaderno de bitácora, pero con la única salvedad de navegar por la historia, por la cultura, por el arte, y alguna vez que otra acompañados del dios Tíber.


¿Queréis venir con nosotros?