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jueves, 1 de agosto de 2013

¿Necesitas ayuda en Roma?

Entre reflexiones y consejos prácticos para sobrevivir en Roma

Si ayer hacíamos referencia a un monumento en concreto, el Ara Pacis Augustae, hoy nos vemos en la obligación de reflexionar más allá del arte. Tras cumplir un mes en Roma (¡Ya llevamos más de un mes aquí!) nos hemos dado cuenta de lo que empezamos a querer en la vida, al menos en mi caso. Tras dar un paseo por el centro, entrar al Monumento a Vittorio Emanuele y terminar de ver la colección de los Museos Capitolinos, decidimos sentarnos a contemplar el foro desde nuestro peculiar “umbiculus urbis Romae”, nuestra pequeña terraza frente al Arco de Septimio Severo.

Y así, entre el vuelo de las gaviotas y las palomas, decidimos hacer nuestros auspicios al pie del Campidoglio.  Estar en una ciudad que no es la tuya, aun habiendo estudiado muchísimas de sus partes, al principio es una sensación extraña: no sabes por dónde moverte, no conoces las zonas, ubicas lugares a medias...; pero cuando ya llevas viviendo un tiempo la cosa cambia. Empiezas a independizarte de los todopoderosos mapas, vas conociendo en conjunto, controlas las distancias, descubres rincones maravillosos... Y esto es, suponemos, lo que nos ha pasado ya. Si al principio teníamos miedo de no encontrar piso, ahora tenemos miedo de Septiembre, porque ya nos queda muy poco para volver a nuestras rutinas.

Pero dejando de lado nuestros peculiares fantasmas, queríamos deciros algo más importante. Al llevar aquí todo este tiempo, hemos ido descubriendo lugares especiales, tanto por su magia como por ser baratos en una de las ciudades más caras de Europa, todo hay que decirlo. La búsqueda de hotel es algo que todo turista debe hacer antes de llegar a Roma. En internet se encuentran páginas muy eficaces, como la página de booking de En Roma, siendo posible buscar tanto hotel como apartamento si prefieres quedarte más días. Pero, lo que sí es cierto, es que en Internet no se encuentran todas las posibilidades que ofrece una ciduad como esta. Hay muchos establecimientos que no poseen un sitio en la red, y que ofrecen también muy buenos servicios, llegando a ser incluso mejores y a mejor precio que los que se pueden buscar desde tu ordenador. Via Nazionale es el claro ejemplo de esto, pero claro esto sólo puedes comprobarlo una vez que se está aquí.

Lo mismo pasa con los sitios donde comer. Si quieres ir sobre seguro, podemos aseguraros que hay multitud de buenos restaurantes donde comer. Además de los socorridos sitios de comida rápida, en Italia hay multitud de establecimientos que también ofrecen variados platos de su gastronomía típica. De esta manera, callejeando por las zonas donde se suelen concentrar los turistas, puedes encontrar buenos lugares para una buena comida o cena. Pero también, en los lugares que se van apartando del epicentro, como por ejemplo la zona lateral del Colosseo, o en las calles que van alejándose de Via Nazzionale, o por el Laterano, podemos encontrar lugares para comer barato. Lo mejor para comer en estos casos es una porción de pizza al taglio, que se paga según pese (no suele costar más de dos o tres euros). Y claro está, el agua se llena de las fuentes de la calle – aquí el que gasta en agua es porque quiere.

martes, 23 de julio de 2013

Día tranquilo

Buenos dias

Ayer fue un día tranquilo. No teníamos nada previsto y sin embargo la suerte nos sonrió otra vez. De camino a casa para comer pudimos entrar a San Pablo intramuros, una pequeña iglesia evangélica que posee uno de los pocos ejemplos de arte prerrafaelita fuera de Inglaterra. Los mosaicos que decoraban la parte del ábside te transportan a un mundo onírico a traves de sus elegantes figuras y su gran colorido. La pena fue que no pudimos hacer grandes fotos ya que la iglesia estaba abierta para el reportaje de boda de una pareja asiática y cada dos segundos nos teniamos que apartar o se nos colaba la feliz pareja en el encuadre. Volveremos.

Bajo un sol de justicia conseguimos llegar a casa para comer y tras una siesta reparadora decidimos relajarnos dando un paseo por la zona. 

lunes, 22 de julio de 2013

Descubriendo nuestra Roma

Fin de semana intenso. Los sábados y domingos son días para recorrer la ciudad,para encontrar sitios escondidos y para perderseen sus callejuelas. Y tenemosque decir que este fin de semana no ha sido la excepción.

Sintiéndonos como en casa, es decir, con un calor de mil demonios ya desde primeras horas de la mañana, decidimos emprender la marcha hasta nuestro destino, incierto a esas horas de la mañana, dejamos que los hados nos guiasen. La primera parada fue una plazoleta al lado de San Clemente al Laterano. Totalmente alfombrada de flores amarillas que caían de los árboles, y con la sombra que arrojaban, se presentaba como un lugar idílico para hacer un pequeño descanso tras visitar la basílica y ver los frescos de Masolino. Recorriendo la Via dei Fori Imperiali nos dimos cuenta de lo necesario que es ya comprarse un sombrero. A estas alturas del mes y con el sol que cae, y sobre todo, saliendo por la ciudad cuando más calor hace, todavía no hemos comprado ninguno de los dos un sombrero, la vagancia nos puede, queda comprobado.

Nuestro siguiente destino el sábado, antes de comer, habíamos previsto que fuese Campo di Fiori, pero poco antes nos tropezamos con un museo que ofrecía, además de fresquito y sombra, un intersante recorrido por lo que quedaba de un teatro de época imperial. Descendiendo por la Crypta Balbi y retrocediendo unos cuantos años, pudimos observar lo que quedaba de su famosa exedra y en la parte musealizada, piezas aparentemente sin valor, pero que para los amantes del arte o de la historia poseen un valor añadido.

Tras comer un bocata a la sombra del Palazzo Farnese – aunque sin los trinos de Floria – entramos al vecimo Palazzo Spada, donde se encuentra la famosa perspectiva del Borromini. Pero lo más curioso que encontramos, aparte de sus salas llenas de cuadros, fue un gato al que apodamos Garfield, tanto por su pelaje anaranjado como por su embergadura. Demasiado acostumbrado a la gente y sobrealimentado por esta razón, el felino se mostró como el auténtico señor del palazzo, tenía la hechura de los grandes nobles y la serenidad al andar propia de los aristócratas, seguroque en otro tiempo fue alguien importante.

Tras despedirnos de nuestro ilustre anfitrión, y recomendados por nuestro jefe, fuimos a la zona de Piazza Navona, que queda cerca, y para relajar la mente y el bolsillo viene muy bien. Estuvimos buscando librerías, y nuestra búsqueda dió frutos, ya que encontramos una que tenía muy buena pinta, una de estas librerías con sabor añejo, con libros ya descatalogados, antigüedades y cosas que sólo u pueden encontrarse en este tipo de tiendas. Y así, callejeando, visitando Santa Mara della Pace o Santa Maria dell’Anima, entramos al Museo Altemps, lugar donde se alberga la colección Ludovisi. Ver de frente al Ares Ludovisi o al Gálata suicida es una experiencia que no os podéis perder de ninguna de las maneras. Obras excepcionales, tratadas con suma dignidad y propias de la másalta grandeza.


Y como no queremos aburriros con nuestras andanzas, sólo diremos que el domingo fuimos por el Trastevere, en plan bohemios, perdiéndonos por las que ya son nuestras callejuelas, y cómo no, llovió, pero esta vez ya nos pilló en casa. 


viernes, 5 de julio de 2013

Pasito a pasito

Queridos lectores

Nos vamos haciendo a la vida romana, ya instalados en un ático cerca de la Via Appia las cosas se ven desde otra perspectiva. Nuestra zona es bastante tranquila, pero la lejanía con el trabajo y el no querer coger el metro o el bus por no gastar (recordad que somos estudiantes erasmus) hacen que nuestros pies se resientan, ayer especialmente. Decidimos pasarnos por el supermercado para llenarnos la nevera.

Compramos cosas imprescindibles y a buen precio, pero al comprarlas cerca de Santa Maria Maggiore y no disponer de carro, de estos que llevan las abuelas, llegar al piso ha sido un suplicio. También nos hemos dado cuenta que el fiambre es un poco caro y escaso, por poner un ejemplo y sin ánimo de ofender, un paquete con cinco o seis lonchas de jamón cocido costaba unos tres euros. ¡Y no hay jamón serrano! Otra cosa que tampoco se puede tocar es el aceite de oliva, y el típico aceite de girasol que se encuentra en España para cocinar se ve que aquí no lo conocen. Menos mal que no hace falta comprar agua, casi en cada esquina hay unas fuentes que dan un agua muy fresca y muy buena, así que ya sabéis: si venís a Roma sólo os hace falta comprar una botella y llenarla continuamente en estas fuentes, no hay peligro de que se os descomponga el estómago.

Pero dejando a un lado todo lo referente a nuestra odisea (“... ¡Terror en el hipermercado! ¡Horror en el ultramarinos!...”), tenemos que decir que ya hemos visto bastantes cosas por aquí. Os alegrará saber que ya estamos preparando posibles itinerarios y tomando muchas fotografías. Y os podemos asegurar que ver fotografías de los edificios y de los monumentos no puede compararse a verlos por uno mismo. Comentaba con Melania el otro día que los edificios son grandísimos, pero no sólo los palacios o las basílicas, los edificios de viviendas particulares también son así, o al menos por donde nos hemos movido. En cada esquina te encuentras bien con una iglesia bien con una hornacina con el santo de turno o la Virgen. Aunque algunos están muy bien conservados, como el que se encuentra en la plaza de la Fontana di Trevi, frente a Santi Vincenzo e Anastasio, otros muchos están con el cristal ya opaco. Y es que en Roma hay demasiado tráfico y muy pocas zonas peatonales. El humo que expulsan los motores se adhiere a las fachadas de mármol blanco, a las paredes de estuco, al cristal de estos altares en plena vía, y en general a todo lo que esté por un tiempo inmóvil. Y es que si mi abuela viniese para acá me la vería con la fregona y la vaporeta dispuesta a dejarlo todo como los chorros del oro...