Mostrando entradas con la etiqueta Erasmus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Erasmus. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de julio de 2013

Paseando entre tiendas

Libros, ropa, antigüedades, zapatos, collares... ¿y eso de allí? Ah, nada, es la Fontana di Trevi. Sonará frívolo, pero así fue, en parte, nuestro fin de semana en Roma. Como el sábado empezaban las rebajas, y nos hacía falta comprar sábanas para las camas, decidimos darnos un garbeo por las zonas comerciales de la ciudad. Para nuestra sorpresa, la de ambos, ninguno encontró esa mina de oro que nos hiciese fundir la tarjeta de crédito. Al contrario de lo que suele ocurrir por las ciudades por las que nos movemos habitualmente, sólo hemos gastado en libros, un paraguas y una camiseta. Y es que esto de tener que pagar un alquiler todos los meses, tener que racionar también la beca para la comida y los gastos imprescindibles, hacen que uno se contenga.

Entre tienda y tienda vimos cosas, hecho inevitable en Roma. Volvimos a pasar por la Fontana di Trevi y por la Via del Quirinal, pero ya nuestras mentes estaban puestas en otro objetivo: las rebajas. Tampoco es que seamos los dos unos adictos a las compras, pero un capricho de vez en cuando y con una tarjeta de crédito nunca vienen mal.


Hay que decir en favor de nuestro tremendo ahorro que las cosas por aquí están caras, eso o que los tenderos cambian los precios una vez que nos acercamos – nuestra fama se ve que nos precede – para así poder sacarnos más rendimientos. Nuestras madres estarían orgullosas.  También hay que decir que ese día no lo dedicamos exclusivamente a las compras, también teníamos intención de ir por Piazzza Spagna y subir hasta la Piazza del Popolo, pero ya como empezó a diluviar mucha cosa no podríamos hacer además de esperar a que amainase la tormenta y coger el metro hasta Re di Roma. Otra cosa muy importante que debéis tener en cuenta si vais por el metro: a veces las máquinas de los tickets van cuando quieren. Así que si pagáis dos y os sale solamente uno, esperaos a que el próximo pasajero saque su billete de metro, que saldrán en vez de uno dos.

viernes, 5 de julio de 2013

Pasito a pasito

Queridos lectores

Nos vamos haciendo a la vida romana, ya instalados en un ático cerca de la Via Appia las cosas se ven desde otra perspectiva. Nuestra zona es bastante tranquila, pero la lejanía con el trabajo y el no querer coger el metro o el bus por no gastar (recordad que somos estudiantes erasmus) hacen que nuestros pies se resientan, ayer especialmente. Decidimos pasarnos por el supermercado para llenarnos la nevera.

Compramos cosas imprescindibles y a buen precio, pero al comprarlas cerca de Santa Maria Maggiore y no disponer de carro, de estos que llevan las abuelas, llegar al piso ha sido un suplicio. También nos hemos dado cuenta que el fiambre es un poco caro y escaso, por poner un ejemplo y sin ánimo de ofender, un paquete con cinco o seis lonchas de jamón cocido costaba unos tres euros. ¡Y no hay jamón serrano! Otra cosa que tampoco se puede tocar es el aceite de oliva, y el típico aceite de girasol que se encuentra en España para cocinar se ve que aquí no lo conocen. Menos mal que no hace falta comprar agua, casi en cada esquina hay unas fuentes que dan un agua muy fresca y muy buena, así que ya sabéis: si venís a Roma sólo os hace falta comprar una botella y llenarla continuamente en estas fuentes, no hay peligro de que se os descomponga el estómago.

Pero dejando a un lado todo lo referente a nuestra odisea (“... ¡Terror en el hipermercado! ¡Horror en el ultramarinos!...”), tenemos que decir que ya hemos visto bastantes cosas por aquí. Os alegrará saber que ya estamos preparando posibles itinerarios y tomando muchas fotografías. Y os podemos asegurar que ver fotografías de los edificios y de los monumentos no puede compararse a verlos por uno mismo. Comentaba con Melania el otro día que los edificios son grandísimos, pero no sólo los palacios o las basílicas, los edificios de viviendas particulares también son así, o al menos por donde nos hemos movido. En cada esquina te encuentras bien con una iglesia bien con una hornacina con el santo de turno o la Virgen. Aunque algunos están muy bien conservados, como el que se encuentra en la plaza de la Fontana di Trevi, frente a Santi Vincenzo e Anastasio, otros muchos están con el cristal ya opaco. Y es que en Roma hay demasiado tráfico y muy pocas zonas peatonales. El humo que expulsan los motores se adhiere a las fachadas de mármol blanco, a las paredes de estuco, al cristal de estos altares en plena vía, y en general a todo lo que esté por un tiempo inmóvil. Y es que si mi abuela viniese para acá me la vería con la fregona y la vaporeta dispuesta a dejarlo todo como los chorros del oro...