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jueves, 25 de julio de 2013

¿De compras?

Queridos lectores.

25 de Julio, Santiago y cierra España. Ese sería el ambiente hoy si no fuera por la noticia que seguro habréis leído todos ya. Es un día extraño, porque a pesar de estar lejos de casa, la noticia te golpea tanto o más que si estuvieses allí. Es un sentimiento que nunca había experimentado, y espero no sentir al menos por mucho tiempo. Pero bueno, de las tragedias hay que sobreponerse, y no queremos sonar demasiado funestos, no es nuestro cometido y no queremos transmitir ese pesimismo que demasiado se estará notando ya en España.

Ayer, tal y como dijimos en nuestra anterior entrada, fuimos a la que es ya nuestra “tercera casa”, la librería de la que hemos hablado tanto. Comprando algunos caprichos literarios y material de trabajo para los proyectos que estamos emprendiendo en EnRoma, como el recorrido de Los orígenes de Roma, nos dejamos llevar por el placer que produce coger un nuevo libro y empezar a bucear por sus páginas, con ese olor tan característico. Ilusionados por nuestra nueva adquisición, pensamos que necesitábamos un respiro para descansar y huir de los dones de Febo. Como un regalo de los dioses, muy cerca delArea Sacra, donde se encuentra la librería, el Palazzo Venezia ofrece un zaguán con banco corrido donde también solemos alojarnos en las tardes de calor agobiante. Y es que a quién se le ocurre ir por Roma en pleno julio a las dos de la tarde para ir a una librería.


De esta manera, tras recomponer nuestros cuerpos y charlar un poco, emprendimos de nuevo el camino por Via del Corso para mirar escaparates, una afición peligrosa, sobre todo si tienes en tus manos una tarjeta de crédito. Por suerte o por desgracia, lo que nos ofrece Roma a nivel textil no está a la altura de nuestras espectativas ni a la de nuestro bolsillo. ¿Será que estamos acostumbrados a un estilo autóctono? ¿Vestimos a la española? No lo sabemos, pero preferimos no indagar demasiado, no sea que encontremos nuestro Potosí romano y nos arrepintamos. El dinero nos hace más falta para el alquiler y la compra semanal, de momento el sol no ha afectado a nuestra sensatez... de momento...

martes, 9 de julio de 2013

Paseando entre tiendas

Libros, ropa, antigüedades, zapatos, collares... ¿y eso de allí? Ah, nada, es la Fontana di Trevi. Sonará frívolo, pero así fue, en parte, nuestro fin de semana en Roma. Como el sábado empezaban las rebajas, y nos hacía falta comprar sábanas para las camas, decidimos darnos un garbeo por las zonas comerciales de la ciudad. Para nuestra sorpresa, la de ambos, ninguno encontró esa mina de oro que nos hiciese fundir la tarjeta de crédito. Al contrario de lo que suele ocurrir por las ciudades por las que nos movemos habitualmente, sólo hemos gastado en libros, un paraguas y una camiseta. Y es que esto de tener que pagar un alquiler todos los meses, tener que racionar también la beca para la comida y los gastos imprescindibles, hacen que uno se contenga.

Entre tienda y tienda vimos cosas, hecho inevitable en Roma. Volvimos a pasar por la Fontana di Trevi y por la Via del Quirinal, pero ya nuestras mentes estaban puestas en otro objetivo: las rebajas. Tampoco es que seamos los dos unos adictos a las compras, pero un capricho de vez en cuando y con una tarjeta de crédito nunca vienen mal.


Hay que decir en favor de nuestro tremendo ahorro que las cosas por aquí están caras, eso o que los tenderos cambian los precios una vez que nos acercamos – nuestra fama se ve que nos precede – para así poder sacarnos más rendimientos. Nuestras madres estarían orgullosas.  También hay que decir que ese día no lo dedicamos exclusivamente a las compras, también teníamos intención de ir por Piazzza Spagna y subir hasta la Piazza del Popolo, pero ya como empezó a diluviar mucha cosa no podríamos hacer además de esperar a que amainase la tormenta y coger el metro hasta Re di Roma. Otra cosa muy importante que debéis tener en cuenta si vais por el metro: a veces las máquinas de los tickets van cuando quieren. Así que si pagáis dos y os sale solamente uno, esperaos a que el próximo pasajero saque su billete de metro, que saldrán en vez de uno dos.